El mapa no es el territorio: ¿qué te hace feliz?

Estoy segura de que frente a una situación que hayas vivido junto a tus amigos, familiares o incluso por la calle, cuando se ponen a revisar lo que pasó, todos tienen un relato particular sobre lo ocurrido. E incluso no es necesario que sea una situación en sí, puede ser que simplemente estén hablando sobre alguien o cómo se ven a ustedes mismos. Esto se da porque nuestra mente trabaja de una manera muy especial con el fin de crear secuencias (representaciones internas) que reconozcamos y que puedan ser guardadas como una experiencia o evento en nuestra memoria.

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El mapa no es el territorio: Nada de lo que vemos, es lo que vemos

La mente filtra la información que recibimos a través de nuestros 5 sentidos (visual, auditivo, kinestésico, olfativo y gustativo) en base a nuestros valores, preferencias y creencias, con lo cual ésta borra, distorsiona y generaliza lo que nos pasa. Por lo tanto, las personas percibimos la realidad (el territorio) a través de los sentidos para, a continuación, crear una representación interna de esa realidad en nuestro cerebro (el mapa).

Entonces, cuando estamos frente a una situación, cualquier sea ésta, la reconstruimos -a cada segundo- a partir de nuestra percepción. Es decir que, el modo en el que vemos las cosas no es otro que el espejo de nuestro mundo interior. A esto se refiere la expresión “el mapa no es el territorio”, que fue formulada inicialmente por Alfred Korzybski, fundador de la Semántica General. Una expresión que hace una clara diferenciación entre el mundo externo y el mundo propio. Con el tiempo, la programación neurolingüística (PNL) retoma el concepto y lo convierte en uno de los supuestos más fuertes de su propuesta.

Los pensamientos hilan nuestra realidad

A la imagen que creamos sobre el territorio que estamos percibiendo para adaptarla a nuestro mapa la moldeamos –como arcilla- a través del lenguaje, y la ordenamos a través nuestros pensamientos. El lenguaje nos permite administrar nuestras experiencias para poder transmitirlas a otros y así “comunicarnos” a través de códigos (palabras) que nos sean comunes.

Si partimos de que el mapa no es el territorio, entendemos que hay tantas visiones del mundo como personas lo habitan. Nuestro mapa interno es un universo complejo que construimos y nos esforzamos –a veces sin darnos cuenta- en sostenerlo cueste lo que cueste, a lo largo de nuestra vida.

La cartografía es un trabajo minucioso que requiere atención, perseverancia y habilidad para definir las formas de los mapas. Cuestiones que tenemos por demás aprendidas para sostener a diario nuestra percepción del mundo en el que vivimos. De alguna manera somos los cartógrafos de nuestra realidad, es decir de nuestro mapa interior.

Las conductas como respuesta a nuestro mapa interno

Es bien interesante que reflexionemos sobre la fuerza que tiene, para cada uno, el mapa interno que hemos trazado y sostenemos naturalmente a diario, porque de su paisaje depende la manera en la actuamos frente a cada situación que vivimos.

Por lo tanto, si el mapa no es el territorio, vale enriquecer o expandir el mapa de tu mundo interior para percibir más opciones disponibles. Robert Dilts, uno de los hombres clave en el desarrollo de la PNL, afirma que si lográs expandir tu mapa interno en un sentido positivo para tu experiencia, actuarás con mayor sabiduría, sea lo que sea que estés haciendo. Por sólo este punto, vale la pena intentarlo, ¿no?

No hay mapas “verdaderos” o “correctos”, simplemente hay mapas internos, cada uno cuenta con el mapa del mundo en el que vive, y éste no es más “bueno” o “real” que el del otro. La experiencia marca que, las personas más eficaces (para decirlo de alguna manera) son aquellas que cuentan con los mapas más nutridos ya que les permite optar ante un mayor número de posibilidades y perspectivas.

Cuanto más detalle y amplitud tenga nuestro mapa interno, nuestra forma de percibir el mundo, organizarnos y responder a lo que la vida nos propone a diario, será mucho más rica.

Tomando conciencia de tu mapa interior

Para chequear tu mapa interior te propongo revisar algunos de sus caminos. Revisar nuestro mapa interno nos enfrenta con nuestras creencias, valores y capacidades, áreas que nos sostienen a diario. Por eso, tomar conciencia de nuestro mapa persigue enriquecerlo y nada tiene que ver con juzgarnos, por eso es una tarea que debe llevarse a cabo con paciencia y amabilidad para con nosotros mismos.

 

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